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jueves, 10 de enero de 2013

Ecos de la Historia Bigandense: "El Correo"


El servicio del correo comienza a tomar forma en agosto de 1912, cuando la comisión de fomento decide solicitar al Directorio General de Correo y Telégrafo de Bs As, la colocación en el pueblo de una estafeta de correo. 

La primera oficina de correo y telégrafo funcionó en la estación de ferrocarril. El primer encargado de la estafeta fue S. Lugones y 1914 el Jefe de Correos era M. Lausach. Luego, según P. Grela (1987:238), funcionó en la casa de ramos generales Tettamanti Hnos hasta que el gobierno nacional dispuso la creación de una oficina de Correos y Telégrafos el 27 de junio de 1923. El primer jefe fue C. Sanchez. La repartición empezó a operar en calle córdoba, en local alquilado gracias aporte de Bigand.


La necesidad de un terreno donde iniciar la construcción de la oficina fue el disparador de gestiones y negociaciones entre delegados de la repartición pública y la comuna. 

En 1928 el jefe del distrito regional del servicio pide a la Comuna la donación a favor del estado nacional de un terreno adecuado para edificación; frente a la imposibilidad financiera de cumplir con esa demanda la Comisión de Fomento, presidida por M. González, se entrevista con V. Bigand informando de la situación y la necesidad del lote. El fundador accede a la donación, hecha en febrero de 1928.

Tras años de idas y venidas y el tránsito del servicio por varios lugares, en 1936 se concreta la entrega del terreno en la esquina de Libertad y Av. San Martín, sentado las bases para el inicio de las obras. 

Luego, gracias a los recursos del estado nacional de R. Ortiz, pudo habilitarse oficialmente el edificio de “Correos y Telégrafos” el 3 de diciembre de 1939. El devenir del servicio estará condicionado por las políticas de estado que se irán imponiendo en la historia. La nacionalización y la privatización del servicio de correo dan cuenta de ello.

miércoles, 27 de junio de 2012

lunes, 18 de junio de 2012

miércoles, 19 de enero de 2011

NUEVO CAPITULO "Ecos de la Historia Bigandense"




“Problemas de salud” entre 1910-1920 en Bigand

Al adentrarnos poco a poco en los gastados y amarillentos documentos históricos del Archivo Comunal, vamos descubriendo retazos curiosos de nuestro pasado, asomando tras el polvo que brota de aquellos libros añejos, datos ricos, algunos más o menos importantes y asombrosos, muchos de ellos desconocidos...

Un capítulo especial merecería la historia de la salud en Bigand, no es éste el fin del presente artículo, sino echar luz a situaciones y acontecimientos sanitarios, complejos e impensables a los ojos del presente, que vivió el pueblo en sus primeros años de vida.

Para situarnos mejor en el tema, recordemos que recién en 1944 contaremos con una institución de salud pública, el Hospital Rural Nº 48, gracias al papel preponderante de su fundador y primer director, el Dr. Alfredo Berraz. Años más tarde, con el cambio de políticas de salud del estado provincial, pasará a denominarse S. A. M. C. O.

Hasta entonces, según leemos en las actas comunales, los enfermos solían trasladarse a un centro de salud de Casilda, a veces subvencionados por la comisión de fomento. La intervención comunal en salud, se acotaba a la contratación de un médico que debía cubrir un servicio esencial: la revisión sanitaria de las “pupilas” de la Casa de Tolerancia. Luego, unos años después, la realidad social demandó un servicio complementario para este profesional: la atención médica de los “pobres del distrito”.

Cólera, fiebre tifoidea, viruela, pestes... entre otros flagelos invadieron este pequeño pueblo agrario en el alba del siglo XX, cuando comenzaba a dar sus primero pasos y a crecer, a urbanizarse, a recibir la llegada de nuevos trabajadores y emprendedores, inmigrantes en su mayoría, que venían a poblar Bigand y sus tierras. Este proceso de crecimiento, quizás, un poco caótico y desorganizado, seguramente generó algunos inconvenientes de higiene y sanidad doméstica y pública, siendo caldo de cultivo para el brote de enfermedades tanto en el ámbito rural como en la naciente planta urbana del distrito, que despertaron la preocupación de las autoridades.

Ya en el Acta Nº 20, con fecha 24 de agosto de 1911, se registra la inquietud por la posible invasión de cólera en el distrito, a tal fin se crea la ordenanza Nº 10 para combatir dicho “flagelo”. Allí se informaba al vecindario de la necesidad de tomar ciertas medidas de prevención relacionados con la higiene y el aseo: beber agua hervida, no tirar aguas sucias fuera de los resumideros, desinfectar casas, carnicerías, patios, resumideros, “caballerizas” (especie de corrales) y evitar la presencia y aglomeración de moscas. Sugiriendo para esto último, “una particular” medida, que citamos “...colocar sobre un plato un poco de azúcar en terrones sobre los que debe verter 10 o 15 gotas de formol...”. Y como cierre planteaba que, además de la limpieza, la moderación en el comer y beber eran las formas más efectivas para evitar la propagación del cólera.

En otra ordenanza, la Nº 12, también de agosto de 1911, se informaba de la vacunación contra la viruela, por lo cual arribaría “en breve” un vacunador a la localidad.

En esos tiempos fundacionales, de crecimiento no tan armónico, las autoridades mostraban inquietud por “el aseo” y la “higiene” del pueblo y la comunidad. La ordenanza Nº 15, de septiembre de 1912, se creó para reglamentar medidas que apuntaban a mejorar el estado de limpieza y la sanidad pública. Los infractores, según la norma, serían “castigados” con multas económicas.

En 1912 ya había al menos un médico local, ¿cómo lo sabemos? En acta de esa fecha, se decreta “retirar” el subsidio comunal al médico local. En el año 1913 vuelven a aparecer documentadas iniciativas de salud: constan subsidios al Hospital de Casilda para el tratamiento de enfermos bigandenses y vuelve el aporte al médico del pueblo. En febrero de 1914, bajo la presidencia de Bartola Brunazzo, se contrata para el reconocimiento médico de las mujeres de la Casa de Tolerancia al Sr. Alejandro Camuzzo. Al poco tiempo se nombra un nuevo médico para dicha tarea, el Dr. R. Pelleja. En abril de 1915, es designado el Dr. G. Aprile como nuevo médico para la revisión de las mujeres del prostíbulo local en lugar del Dr. Pellejas. Con el cambio de gestión comunal, bajo la presidencia de Juan Tettamanti, en enero de 1916, vuelve a designarse al Dr. Pellejas como encargado de la revisión médica de las mujeres de la Casa de Tolerancia.

Según acta nº 176, en agosto del mismo año, ante una evidente situación de crisis social y económica, se observa un giro explícito en la “política de salud” local, se decide contratar al Dr. Vidal Lupuey (o Luques, no es claro) para la atención médica de los pobres, cuyos servicios regirán desde agosto de 1916; el argumento del nombramiento, según reza el acta “...que atienda gratuitamente a los pobres de solemnidad que se hallen enfermos, previa comprobación y justificación de expedida en forma por la Secretaría...”. A fines de diciembre de dicho año, renunciara el mencionado médico, designándose un nuevo profesional. El constante recambio de los médicos comunales en aquellos primeros años, aunque no consta en los documentos, seguramente se debía a que no eran del pueblo, viajaban para servicios puntuales, y a veces, la fragilidad financiera de la Comuna no permitía sostener su financiamiento en forma continua y estable.

En el verano de 1917 registramos otra situación sanitaria preocupante para las autoridades; en el acta nº 200 aparece la problemática de la peste contagiosa que invade las haciendas vacunas, por ello, se tomaron ciertas disposiciones de carácter obligatorio para la comunidad, que se dieron a conocer con carteles que se distribuyeron en oficinas públicas y comercios, a saber: “...prevenir al público que todo aquel que se le muera un animal debe inmediatamente quemarlo o, en su defecto, enterrarlo a una profundidad no menor de un metro y cincuenta centímetros, aplicándoles a los infractores una multa...” (18-1-1917).

Una nueva emergencia sanitaria consta en los viejos libros, en 1918 las autoridades locales debieron recurrir al Consejo de Higiene Provincial solicitando el envío de un “vacunador” y unas “200 placas de inyecciones” (acta nº 263 18-4-1918) para detener el avance de la fiebre tifoidea en el distrito, en tanto ya se habían detectado varios casos.

En agosto del mismo año, se contrató un nuevo médico, Dr. Esteban Lucotti para la atención de los enfermos carenciados. Y un par de meses después, según reza el acta nº 391, del 31 de octubre de 1918, se declara una nueva emergencia de salud pública ante la invasión en la región de la enfermedad denominada entonces “grippe”, tomando la Comuna una serie de medidas, que aparentan una situación de “estado de sitio”: clausurar en forma inmediata el prostíbulo, lugar central de reunión social, hasta nuevo aviso, bajo la amenaza de graves multas económicas para la gerente del lugar en caso de permitir su funcionamiento clandestino; aconsejar al vecindario y al comercio local sobre la necesidad de desinfección de baños, resumideros y caballerizas; mantener limpieza extrema de los lugares públicos y privados, y, en lo posible, las puertas cerradas de las casas. Un par de semanas después, aparentemente más normalizada la situación, se le concederá a la Casa de Tolerancia el permiso para que reabra sus puertas.

Como suelen decir los propios documentos, “en las época de los calores”, parecían florecer las enfermedades contagiosas, así en febrero de 1919, vuelve la inquietud por el avance de la fiebre tifoidea en la localidad, confirmándose varios casos. Esta situación lleva a la Comuna a contactarse con el Consejo de Higiene para solicitarse el envío de vacunas anti-tíficas.

También a fines de diciembre de 1919, con la llegada del verano, aparece documentada en las actas, quizás, la emergencia de salud más compleja e impactante que hayamos descubierto que sucedió en Bigand en aquellos primeros años. La aparición de una serie de casos de peste bubónica, “la peste negra”, mal infeccioso de origen milenario que exterminó a buena parte de la población europea en una serie de pandemias, especialmente terribles en los siglos XIV y XV, transmisible desde los animales (ciertas especies de ratas infectadas por pulgas) a los humanos, que preponderantemente florece en ámbitos rurales de condiciones de sanidad e higiene deficientes.

Ya a principios de noviembre, de acuerdo al libro de ordenanzas, la Comisión de Fomento difundía un “aviso comunal” (6-11-191) estableciendo algunas normas para prevenir la propagación en Bigand de la epidemia de peste bubónica que había llegado a pueblos vecinos. Se decretaba así: destruir ratas en los galpones, sótanos, comercios y locales públicos y privados; ahuyentar las plagas que son el agente productor de la enfermedad, valiéndose para ello de soluciones de creolina o fluido en la proporción de una cucharada grande por cada litro de agua; blanquear con cal el interior de habitaciones, sótanos y negocios... Además se disponía la vacunación preventiva de aquellas personas que por sus ocupaciones estaban más expuestas al contagio; peones de galpón, carreros, cosedores de bolsas, remenderos, etc. La violación a estas normas podía acarrear multas.

En diciembre, con la aparición de algunos casos en la localidad la Comuna se ve obligada a tomar un paquete de medidas radicales y rigurosas que seguramente violentaron la vida social y la rutina diaria pueblerina y alimentaron el pánico del vecindario. Preocupada por el aislamiento total de los enfermos, la Comisión de Fomento tomó iniciativas “duras” como la clausura total de la Casa de Tolerancia, lugar que fue usado como muro de contención y aislamiento de los infectados, con el auxilio de la policía local, convocada para el control y cumplimiento efectivo de dicho encierro. Además, “obligó” a tomar una actitud “casi paranoica” a los vecinos, incitándolos a denunciar posibles casos de peste, bajo pena de multa para aquellos que oculten información sobre los sospechosos de estar enfermos. Se dispuso, también, el alquiler por tres meses de una propiedad del Sr. Caselli en campos de Víctor Bigand, cercana al caso urbano, para ser usado como centro de atención sanitaria (acta nº 345, 28-12-1919). No se pudo corroborar en actas posteriores, si esta decisión se hizo efectiva (no hay mención del tema, ni prueba de pago del alquiler de la casa), porque la emergencia sanitaria, coincidió con el cambio de gobierno comunal.
Los coletazos de la enfermedad se registraron en actas ulteriores. Según la nº 348, del 19 de enero de 1920, fue autorizada nuevamente la reapertura de la Casa de Tolerancia. Además se detallan pagos de viajes de “sanidad” de traslado de los enfermos y de honorarios al enfermero que trabajó en el lugar improvisado como “lazareto” para la guardia sanitaria de los infectados. A fines de febrero, en el acta nº 353, constan nuevos gastos ligados con la “peste” a distintos proveedores, en concepto de medicinas especiales para los enfermos, y carne y leche para suministrar al centro sanitario. En actas siguientes, se detallan otros “efectos” del flagelo, el más curioso: el resarcimiento económico a una mujer X, gerente del prostíbulo local, por ceder dicho lugar, que funcionó circunstancialmente como centro de guardia sanitaria de los enfermos y por poner a disposición una “enfermera” (ver acta nº 362, 13-5-1920) durante “los días de la peste”...

Hasta aquí esta breve crónica de pestes y males que “visitaron” este pago ni bien comenzaba a desandar el camino de la historia. Lo que hoy es quizás un relato casi anecdótico y asombroso, seguramente fue motivo de preocupación y miedo para aquellos primeros pobladores, que a pesar de estos obstáculos, siguieron luchando e hicieron posible el porvenir venturoso del pueblo.

viernes, 14 de mayo de 2010

ECOS de la Historia Bigandense: Capitulo 5



CAPITULO 5
Las campanas de la Iglesia
La música de fondo del Bigand cotidiano.


Como los pájaros, ellas,
tan pronto asoma en los cielos
el primer rayo del alba,
le saludan con sus ecos.


Fragmento del “Poema de las Campanas”, de Rosalía de Castro


Tal cual lo dicta el fragmento poético, las campanas acompañan la escena cotidiana de los pueblos, marcan el ritmo de sus habitantes. Donde algo comienza, donde algo termina, una campana suena. El comienzo de un día, el final de una vida. Y mientras tanto suenan, y suenan.

Las campanas, ya conocidas de los pueblos egipcios y asiáticos en forma de campanillas y usadas también por los griegos y los romanos, fueron adoptadas por la Iglesia Católica para convocar a los fieles por lo menos desde el siglo V. Los romanos les dieron el nombre de tintinábula y los cristianos las llamaron signum porque servían para señalar o avisar la hora de las reuniones.

Pero ya en el siglo VII, si no antes, se llamaban campanas, como consta por escritores de la época.

En época de los romanos las campanas tenían diferentes fines: indicaban la apertura del mercado, la hora de baños, avisaban el paso de los criminales al suplicio, la aproximación de un eclipse y otros acontecimientos en los que era costumbre señalarlos con las campanas.


Como vemos, a lo largo de la historia han sonado millones de campanas, pero también las campanas cuentan millones de historias. Como las campanas de Bigand, que aquí cuentan la suya.

La Campana que hoy escuchamos dando las horas data de 1947 (la factura de forma es del 17 de setiembre) pero no fue la primera. Los archivos de la Parroquia “Nuestra Señora de Lujan” afirman que hubo una primera campana de 87,5 Kg. Esa campana, por motivos desconocidos, se rompe y es seguramente por eso que se compra la actual, entregándose la rota en parte de pago.
Respecto de esto, hay un hecho que el Padre Fabián Monte, actual Párroco de la Iglesia, ha descubierto lo siguiente:

“En primer lugar, es necesario ubicarse en aquella época. Para hacer cualquier cosa se necesitaba el permiso del obispo. El día 26 de setiembre de 1947, el Padre Miguel Florio pide permiso al obispo para bendecir la campana nueva (comprada el 17 de setiembre) y entregar en parte de pago la vieja, rota y en desuso que, dicho sea de paso, ¡ya había sido entregada! El 27 el obispo le contesta:

“Padre Miguel Florio, puede bendecir la campana nueva. Pero, como se trata de vender bienes de la Iglesia, no se le concede el permiso pedido; procure el Sr. Cura restaurar la campana con el Sr. Bellini u otro Técnico competente”

Entonces, respecto de la campana pequeña que hoy tenemos, existen dos hipótesis: se restauró la vieja campana, o…se desobedeció al obispo! Como la rota ya había sido entregada, se deduce que esto último es lo que ocurrió.

La actual fue comprada a la Fundición “Juan B. Bellini” de la localidad de San Carlos Centro, en nuestra provincia. Las consultas empezaron en 1937 por el Padre Semprini, pero recién se adquiere, 10 años después, bajo el curato del Padre Miguel Florio, luego de una “oportuna” visita de don Víctor Bigand a San Carlos Centro.

Volviendo a la campana que nos ocupa: pesa 376 Kg y costó por aquellos años $ 5.310,20. Por la vieja campana se obtuvo $ 245.- Y la nota que escuchamos es un “LA”.

Nuestras campanas llegan a su actual morada en el año 1947. Nuestras campanas suenan por cada cuarto de hora, al comenzar una misa, al despedir a un difunto.

De repente estos datos nos generan la necesidad de realizar el cálculo: ¿Cuántas veces habrán sonado? Eso poco importa cuando logremos descubrir cuántas historias se han escrito en nuestro pueblo, con el fondo musical de nuestras campanas.

Especial agradecimiento al P. Fabián Monte







martes, 20 de abril de 2010

ECOS de la Historia Bigandense: Capitulo 4



ECOS DE LA HISTORIA BIGANDENSE
CAPITULO IV

“El lugar de unos pocos: breves noticias del Club Unión de Bigand”

Bigand cuenta actualmente con clubes populares, entidades que a través de las múltiples actividades y espacios deportivos, recreativos, culturales y formativos expresan un sentido social pleno, integrando gran cantidad de vecinos. Pero los tiempos de hoy no son los de ayer, la historia cambia y costumbres de antaño se nos muestran extrañas y lejanas.

En los albores de nuestro pueblo, las entidades sociales y deportivas despuntaban en los primeros habitantes bigandenses: entre ellos, se hallaba la incipiente elite local con sus inquietudes de asociación y camaradería, y también de distinción respecto del resto de la comunidad.

El nacimiento del “Club Unión de Bigand” fue una respuesta a aquellas inquietudes. No haremos aquí una historia integral, sólo desarrollaremos algunas consideraciones que pretenden rescatar el espíritu distinguido y elitista de la entidad.

El hoy extinto Club Unión nace el 26 de abril de 1917, según relata el 1º Acta de la institución del Libro de Actas:

“En Bigand, Provincia de Santa Fe, a los veintiséis días del mes de abril, siendo las nueve y treinta p. m., los abajo firmantes, todos vecinos de esta localidad, reunidos en el ‘Hotel San Martín’, con el propósito de unificar ideas sobre la posible constitución de un centro social que fomente el espíritu de asociación y sociabilidad, resuelven proceder a la elección secreta de los miembros que han de constituir la Comisión Directiva que corra con los trabajos tendientes a organizar la nueva sociedad dotando de amplias facultades a la misma para que pueda reglamentar su dirección (…)

Resuélvese que ésta sea compuesta de siete miembros, un presidente, un vicepresidente, un tesorero, un secretario y tres vocales. Verifícase el escrutinio, quedando electos por mayoría de votos los siguientes señores para desempeñar el puesto de:

Presidente Don Manuel González

Vice Esteban Peronja

Tesorero Natalio Tettamanti

Secretario Juan Concina

Vocales José Pedernera

Vocales Emetrio Subirachs

Vocales José Arenas

Quiénes todos aquí presentes, aceptan sus puestos.

Acto seguido denomínase a la nueva sociedad Club Unión.
Establécese como cuota de entrada la suma de veinte pesos mon. nac. y de tres pesos mon. nac. la cuota mensual con la que se termina el acto, siendo las once y diez minutos p.m.”

Así se constituye esta entidad, cuya primera comisión directiva ilustra con claridad a qué segmento de la comunidad aglutinaba. Importantes comerciantes y agricultores, referentes políticos que después fueron presidentes e integrantes de gestiones comunales son algunas de las personalidades que integraban la comisión y frecuentaban este lugar exclusivo de nuestro pueblo.

En las primeras actas los fundadores se dedicaron a definir el sistema de cuotas y la categorización de socios, la búsqueda y el alquiler de local social, convocatoria a asamblea general y armado, lectura y aprobación de los estatutos que regularían el funcionamiento de la entidad.

¿Era fácil ser socio del Club?

En principio el valor de la cuota de ingreso era un filtro importante. Además luego los socios debían abonar una cuota mensual que no todos podían afrontar. La jerarquía se estableció de entrada, había socios activos y socios pasivos; estos últimos, por caso, no tenían voz ni voto en las asambleas, y tampoco podían acceder a ser parte de la comisión directiva.

¿Qué condiciones debían cumplir los vecinos que quisieran formar parte de la institución?

Este extracto del Acta Nº 5, fecha 10 de mayo de 1917, vale más que cualquier comentario:

“…Estatuto del ‘Club Unión’ Bigand:

(...) 2º Para ser admitido como socio del Club Unión se requiere tener más de diez y ocho años de edad, profesión o ocupación honorable, gozar de buena reputación y ser presentado por dos socios que lo sean desde dos meses antes por lo menos.”

Aquí no terminaba el protocolo del vecino que quisiera ser aceptado como socio. Había más gestiones que realizar. Otro segmento del Acta Nº 5 reza claramente:

“(…) 6º La solicitud de ingreso al club se hará por medio de nota firmada dirigida al presidente, en la cual los proponentes aseguren que el propuesto reúne las condiciones requeridas en el artículo 2, debiendo acompañar el importe de la cuota de ingreso y la primera mensualidad, sin cuyos requisitos no será tomada en cuenta. Los nombres del propuesto y proponentes serán fijados en lugar visible durante siete días consecutivos. Los socios proponentes estarán obligados a dar a la C. D. los informes que se le exijan acerca del candidato.

7º Transcurridos los siete días determinados en el artículo anterior el presidente convocará a la Comisión para resolver sobre la admisión de los candidatos o su rechazo.”

La exploración de los archivos del club, específicamente el primer libro de registro de socios de 1917, quizás nos sirva para ilustrar el carácter exclusivo de la entidad. El primer mes los socios eran tan sólo 23 personas, al cual podemos considerar el grupo fundador de la entidad.

A lo largo de los primeros años el Club “Unión” había mantenido casi inalterable su número de socios, contando con unos 40 socios, casi una obviedad decirlo, todos hombres… Si tomamos en cuenta que para esa época, en el distrito los bigandenses ya éramos miles, podemos comprender la “escasa” apertura de la institución. En julio de 1919 se produce una profusa inscripción de nuevos socios pasando a ser 84 los integrantes “del Unión”.

La institución desarrolló una intensa vida social, recreativa y deportiva. El ajedrez, los juegos de naipes, las damas, el dominó, el billar y el casin, los juegos de bochas y hasta las actividades de la cancha de pelota a paleta, entre otras, animaron el espíritu de encuentro y de fervor deportivo de los socios. Tampoco faltaron las veladas, los bailes y las fiestas de gala que sólo podían disfrutar socios e “invitados especiales”. Además, se habilitó una importante biblioteca para los que quisieran disfrutar de la lectura.

Este club propio de los sectores más encumbrados de Bigand, y tan apegado desde la propia conformación de los estatutos, al respeto y acatamiento por las normas de decoro, presencia y moral, no estuvo exento de incidentes y conflictos entre socios, que incluyeron la agresión física y los destrozos de instalaciones. Dichos incidentes aparecen bien documentados en los libros de actas y son parte de la leyenda histórica del Club Unión. Leyendas que merecerán en otra ocasión una reseña especial…


En los archivos de la Comuna encontramos el Acta N 1 del controvertido Club,
clic sobre la imagen y podrás leerla junto a nosotros.




También encontramos el listado de Socios, hace clic sobre la imagen para conocerlos

sábado, 27 de marzo de 2010

ECOS de la Historia Bigandense: Capitulo 3



CAPITULO 3
Resultados reveladores del censo de 1925:
Secretos en torno a los primeros pobladores bigandenses



Seguramente en el imaginario de muchos bigandenses esta instalada la idea de que desde los albores del pueblo hasta la actualidad, un siglo después, nuestra localidad ha seguido una línea de crecimiento poblacional constante y continuo. La imagen de un pueblo próspero, pujante, con perspectiva de futuro promisorio, quizás, sea compartida por muchos de los que vivimos en Bigand. Una herencia de lucha, trabajo y ansias de progreso legada por nuestros antepasados inmigrantes impregna y justifica esta visión.

Línea que va desde aquellos primeros pobladores de los campos de la zona, en los inicios del Siglo XX, hasta los 5.062 habitantes, según el registro del Censo Nacional de 2001. Números que al día de hoy, año 2010, según estimaciones extraoficiales, podrían superar con holgura las 6.000 personas.

¿Es certera la idea de que Bigand a partir de 1909 fue aumentando exponencialmente su tasa demográfica?

La exploración de los Archivos Históricos de la Comuna ha servido para desmentir, en parte, esta imagen, y también nos ha provocado, a los que nos abocamos con pasión a bucear en las raíces históricas bigandenses, una indisimulable sorpresa.

Según el Censo Agropecuario de 1925 realizado por la Comuna, o sea, sólo 16 años después de la fundación del pueblo, ya por entonces Bigand contaba con una población “oficial” de 4.397 habitantes. En base a esta estadística institucional, queda flotando el interrogante sobre una hipotética cifra “real” superior, tomando en consideración, por una parte, las dificultades que por aquellos años debe haber significado llevar adelante un relevamiento censal exhaustivo y minucioso sin los recursos humanos y técnicos adecuados para hacerlo, y por otra, la profunda dispersión de los habitantes por todo el distrito, el cual incluye casco urbano y zona rural.

Más allá de esta duda hoy indescifrable, queda expuesto en forma notable, la escasa diferencia en la tasa demográfica entre 1925 y 2001, o sea, entre el pasado más remoto y el presente. ¿Por que?

En principio, parte de la explicación es que por entonces, según el censo, de los casi 4.400 bigandenses, 2.591 vivían en las distintas colonias rurales del distrito (a saber Sepultura, La Adela, Colonia La Estrella, Colonia Santa Irene, Colonia La Argentina, Colonia Zulema Maria, Colonia San Pablo, Colonia Los Propietarios), superando ampliamente los 1.806 vecinos que habitaban la planta urbana. Por lo tanto, aquel ideal de crecimiento representó, en buena medida, la migración de la población, desde zonas rurales al núcleo urbano, proceso que se intensificó desde mediados del S. XX. Esta tendencia significó la expansión y el crecimiento importante del radio urbano del pueblo, la re-localización de los habitantes, el despoblamiento de los campos, pero NO aumento demográfico. Para ilustrar esta tendencia, citemos los resultados del Censo de 1937, 12 años después: el número de habitantes era casi el mismo de 1925, 4.277, pero ya podía observarse la menor proporción de habitantes en los campos, 2.348 en relación a los vecinos del pueblo, 1929 vecinos.

¿Esto niega que Bigand sea un pueblo pujante y en crecimiento? No, siempre ha sido un pueblo dinámico y progresista, y más allá de que hoy (tomando el último censo oficial) no refleje una población claramente mayor a los albores del pueblo, la localidad ha visto mutar la composición demográfica, porque innumerables hijos de esta tierra han migrado forjando su destino en otras tierras, pero en la misma medida, ha recibido en forma permanente a tantos inmigrantes de este país y de otros que hasta hoy llegan a nuestra comunidad, buscando un lugar para vivir y un destino de esperanza…

¿Quiénes éramos entonces?

Bigand tiene sin dudas un fisonomía esencialmente inmigratoria, de ello no hay dudas. La identidad de nuestra comunidad fue forjada a través del diálogo y el encuentro de las herencias culturales que trajeron consigo los inmigrantes.

Aún así, al trasladarnos al amanecer de la localidad, a través de la exploración del Censo Agropecuario y Poblacional de 1925, causa sorpresa comprobar, en primer término, el perfil cosmopolita de Bigand, habitado entonces, por un verdadero “crisol de razas”, esto es, italianos y españoles como sabíamos, pero también yugoslavos, franceses, vascos, austriacos, alemanes, uruguayos, brasileros y portugueses, entre otros, y además claro, argentinos, que, por aquellos años, vaya paradoja, eran pocos en esta tierra. Esta importante pluralidad en los campos, no incluye los orígenes de los bigandenses que residían en el casco urbano del pueblo, en tanto en dicho censo no aparece detallada esta información.

Lo particular de este censo agropecuario es que, por lo menos para el distrito rural, aparece documentado, junto a otros datos esperables como cantidad de hectáreas, cantidad de animales, los cereales cultivados, el tipo de propiedad, el instrumental o maquinaria, entre otros, la nacionalidad del productor. Información que en los futuros censos ya no se toma en consideración.

Respecto al predominio de extranjeros sobre los nativos argentinos en Bigand, una revisión general del censo ilustra este escenario con claridad: de los casi 400 productores que contaban con explotaciones agrícolas relevados en 1925, (con ellos eran censados los grupos familiares que residían en los campos), no llegaban a 50 los nacidos en Argentina. Siendo un poco más minuciosos, se puede ver que varios de ellos, portaban apellidos itálicos o españoles, lo que lleva a dejar abierta la hipótesis de que eran, quizás, hijos de inmigrantes que habían arribado al país tiempo atrás.

Las estadísticas a veces son frías, apenas si sirven para mostrar ciertas tendencias y situaciones. Corriéndonos un poco de los números, y a modo de cierre, nos interrogamos…
¿Cómo habrá sido aquel Bigand heterogéneo a nivel étnico y cultural?, ¿cómo supieron encontrarse, comunicarse y hacer desde las diferencias la historia de nuestro pueblo?

jueves, 11 de marzo de 2010

"ECOS de la Historia Bigandense"

Los ecos son voces profundas, que resuenan desde lo hondo del pasado, voces que permanecen más allá del paso del tiempo. Bigand, el pueblo centenario que sigue caminando hacia el futuro y creciendo, engordando su historia y su identidad, tiene múltiples voces con raíces fuertes en el pasado, ecos que siguen vibrando en la memoria bigandense. Muchos de ellos permanecen aún ocultos, silenciosos, como tesoros del tiempo esperando ser explorados.

Nuestra empresa, el proyecto de reorganización y análisis del archivo histórico comunal, apunta a desentrañar, aunque sea en forma fragmentaria, parte de esos ecos de la historia bigandense, inscriptos en la memoria institucional de la Comuna.

Las historias grandes y mínimas, las curiosidades y anécdotas entrañables, los enigmas irresueltos y pequeños descubrimientos, constituyen retazos infinitos del pasado de nuestro pueblo, esperando convertirse en noticias de hoy.

Ecos de la historia bigandense es un espacio dedicado a la memoria colectiva, un sitio que se renovará en forma quincenal con novedades del pasado, para ayudar en la tarea infinita de iluminar lo que fuimos y lo que hicieron de nosotros las generaciones de ayer…


CAPITULO 2

“El visionario francés:
la historia de Don Honorio Bigand, mas allá del Atlántico”



Mucho se ha dicho de las cualidades visionarias del fundador de nuestro pueblo, Don Víctor Aureliano Bigand. La ubicación geográfica de la villa, el trazado del plano del pueblo, la creación y el apoyo permanente a innumerables instituciones bigandenses y sus ideas políticas de cara al futuro justifican aquellos comentarios. Pero poco, casi nada, se le reconoce a quien legara al niño Víctor, buena parte de esas cualidades.

Solo diez años de edad tenía nuestro fundador cuando vio por última vez a su padre, de quien fuera heredero de un gran patrimonio. Pero la verdadera fortuna que heredara el joven Víctor de su padre, Don Honorio, serían aquellas ideas visionarias de cara al futuro, aquella capacidad incuestionable de ponerse por delante de los demás.

Pero ¿quien fue verdaderamente Honoré Jean-Baptiste Bigand?, ¿cuales fueron sus orígenes?

Existen escasos escritos acerca de la vida de Honore Bigand. Y la mayoría de esos documentos incluyen datos biográficos del cerealista francés que no coincidían en unos y otros escritos, como por ejemplo fecha y lugar de nacimiento, fecha y lugar de llegada a la Argentina y otros datos acerca de su persona y de su familia. Pero una información era común en todos los intentos biográficos realizados, Honoré Jean Baptiste Bigand falleció en la ciudad de Vichy, Francia:


“Después de haber radicado los primeros colonos en la Colonia “San Pablo”, y estimulado sobremanera las actividades agropecuarias, a fines de 1885 viajó hasta Francia, radicándose en Vichy en que le sorprendió la muerte, en 1887.” En “La Orqueta”, de Plácido Grela.

“Falleció en Vichy, en agosto de 1887, adonde se había afincado después de los años pasados en Argentina” En “Crónica de los franceses en Rosario”, de Emilio Maisonnave, entre otros.


Esta coincidencia en los datos sobre la muerte de Don Honorio motivó, en 2009, a un grupo de bigandenses a investigar sobre la vida del colonizador francés. Es solicitada, a través del sitio web de la Municipalidad de Vichy, el acta de defunción de Honoré Bigand, supuestamente fallecido en dicha ciudad francesa, en agosto de 1887.
Al poco tiempo llega por correo el acta solicitada, con su sello correspondiente, afirmando que:


“El 30 de agosto de 1887, a las 2 de la tarde, los Señores Edouard Tèdil, de 31 años, farmacéutico, domiciliado en Vichy, y Paul Michel Sauvage, de 32 años, empleado, domiciliado en Vichy, han declarado en la oficina de Estado Civil de la Municipalidad de Vichy que a la hora 1 de la mañana, Honoré Jean Baptiste Bigand, de 55 años, propietario, domiciliado en Rosario, Santa Fe, Republica Argentina, nacido en Caulières (Somme) esposado con Predestine Petit, ha fallecido en casa del Señor Chavanon, ubicada en el Boulevard Nacional.”


Gracias a los datos ofrecidos por la Municipalidad de Vichy por medio de dicho Acta de defunción, queda totalmente confirmado que Don Honorio falleció en la ciudad francesa de Vichy, el 30 de agosto de 1887, a la edad de 55 años. Se cierra el primer interrogante. Pero se abre otro, quizás de mucha mayor importancia.

En el libro “Crónica de los franceses en Rosario” los autores afirman que: “Bigand, Jean B. Honore nació en “Picardie”, en Abbeville (Somme)”. Mientras que en “La Orqueta” solo afirma que ha nacido en Francia.

Como hemos visto, en el Acta de Defunción de Don Honorio éste aparece como nacido en Caulieres y no en Abbeville. Con afán de resolver este interrogante nos dirigimos por correo electrónico a la Comuna de Caulieres, para que aportase mayor información.
El contacto dio sus frutos y al poco tiempo llega un correo electrónico de la Alcaldesa de Caulieres con un archivo adjunto. El mismo archivo contenía el Acta de nacimiento de Honore Bigand.


“El 6 de Mayo de 1832 a las 4 hs de la tarde, en el Estado civil de la Comuna de Caulieres, Cantón de Poix, departamento de la Somme, Jean Baptiste Bigand, cultivador, de 35 años, domiciliado en Caulieres, presenta a un infante de sexo masculino, nacido en esta comuna el 6 de Mayo a las 11 horas de la mañana…con el nombre de Honoré Jean.-Baptiste Bigand”


Cerrado el segundo gran interrogante: Honoré nació en Cauliéres, Cantón de Poix de Picardie, departamento de Somme, el 6 de Mayo de 1832.

Movilizados los investigadores bigandenses por tanto hallazgo histórico y ante la predisposición de la alcaldesa de Caulieres, los contactos siguieron realizándose, el intercambio de información se fue enriqueciendo y los lazos se han ido fortaleciendo.


En la actualidad, las Comunas de Caulieres y Bigand se han trazado el objetivo de lograr la hermandad entre ambas, para seguir fortaleciendo sus lazos, para lograr intercambios culturales y para seguir escribiendo la historia que nos legó Honoré Bigand, “Don Honorio” , el visionario francés.




Acta original de nacimiento de H. Bigand







Acta original de defunción de H. Bigand

lunes, 22 de febrero de 2010

NUEVA SECCIÓN: "ECOS de la Historia Bigandense"

Los ecos son voces profundas, que resuenan desde lo hondo del pasado, voces que permanecen más allá del paso del tiempo. Bigand, el pueblo centenario que sigue caminando hacia el futuro y creciendo, engordando su historia y su identidad, tiene múltiples voces con raíces fuertes en el pasado, ecos que siguen vibrando en la memoria bigandense. Muchos de ellos permanecen aún ocultos, silenciosos, como tesoros del tiempo esperando ser explorados.

Nuestra empresa, el proyecto de reorganización y análisis del archivo histórico comunal, apunta a desentrañar, aunque sea en forma fragmentaria, parte de esos ecos de la historia bigandense, inscriptos en la memoria institucional de la Comuna.

Las historias grandes y mínimas, las curiosidades y anécdotas entrañables, los enigmas irresueltos y pequeños descubrimientos, constituyen retazos infinitos del pasado de nuestro pueblo, esperando convertirse en noticias de hoy.

Ecos de la historia bigandense es un espacio dedicado a la memoria colectiva, un sitio que se renovará en forma quincenal con novedades del pasado, para ayudar en la tarea infinita de iluminar lo que fuimos y lo que hicieron de nosotros las generaciones de ayer…



CAPITULO 1

" Interrogantes en torno a una fecha fundacional "


La Comuna de Bigand, entonces Comisión de Fomento se crea mediante decreto oficial del Gobierno Provincial, el 29 de enero de 1910. Sin embargo, la exploración de los archivos históricos de la Comuna, ha dejado flotando un dilema que es importante resaltar.

Según una fuente fundamental como el Libro confeccionado por Plácido Grela, “La Orqueta. Raíces Históricas del Pueblo de Bigand”, Tomo I, la fundación de la Comisión de Fomento es precisamente, el 29 de enero. En tal sentido, cita parte del decreto pronunciado por el Ministerio de Gobierno y Justicia, en el que se pone de manifiesto la fecha mencionada.

La controversia emerge al comparar ese documento con el contenido del primer Libro de Ordenanzas Comunales. Cuando el flamante gobierno comunal, a cargo de A. Simonet, asume funciones y lleva a cabo la primera reunión de comisión de fomento en la histórica fecha del 15 de febrero de 1910 (ver anexo imagen de la primer Acta Comunal), deja registrado en la Ordenanza Comunal Nº 1, que el Superior Gobierno de la Provincia de Santa Fe ha decretado la creación de la comisión de fomento del pueblo de Bigand, en la fecha del 10 de febrero.

Citamos a continuación parte del documento fundacional que provoca el dilema:

Ordenanza Nº 1
Aviso

“Ponemos en conocimiento del público que el Superior Gobierno de la Provincia por decreto fecha 10 del corriente creó una Comisión de Fomento en el pueblo “Bigand” cuyos límites son los siguientes:

Al N.E. campos Barlett – Paz al S. línea de límite con el departamento Constitución, al N. Arroyo Saladillo y campo Barrére.

En consecuencia los habitantes de los campos…Bigand, Frare, Arivanera, Savés, Sandrone, Semorile, Terrarosa, Gutierrez, Petovira, Colonia Santa Irene, La Estrella, La Adela que depende de los señores Juan Bazet y Cia., y parte de las que dependen de los señores Genoud, Benvenuto y Cia., y los de la Sepultura que quedan en el departamento Caseros deben munirse de patente en esta Comisión.

Depto. Caseros Bigand a 15 de Febrero de 1910.”

Una institución matriz de Bigand, dos fechas en debate, documentos históricos que ponen en controversia los datos del pasado. Hoy nos llena de curiosidad e hipótesis diversas…


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