Un
día como hoy, hace 39 años las fuerzas armadas perpetraban el último y más sanguinario golpe de estado, cerrando un
ciclo de inestabilidad institucional, quebrantamiento del sistema democrático e
intervenciones militares que se había iniciado en 1930, y culminaba con una
dictadura que se prolongó de 1976 a 1983. El llamado “proceso de reorganización
nacional” fue el nombre que la dictadura dio al plan de disciplinamiento de la
sociedad, la negación de todas las libertades civiles y políticas, la censura
educativa y cultural y el acallamiento de las voces, las ideologías y los
pensamientos políticos opositores al régimen. Plan que se aplicó a base de una
política de terrorismo y represión atroz encarada desde el estado y que derivó
en la desaparición de miles de personas, el encarcelamiento y censura de otros
tantos, el exilio de muchos, y también la imposición de una cultura del miedo,
la sospecha, el egoísmo y la falta de confianza en la participación y las
vinculaciones colectivas y públicas, cultura que hoy sigue vigente, más allá de
las transformaciones históricas y sociales posteriores al retorno democrático.
La
secuelas humanas y sociales derivaron, en plena democracia, en una conciencia
de lucha y la emergencia de diferentes organismos de derechos humanos que han
batallado por justicia, verdad y memoria, por la condena de los responsables
del genocidio, y que, en los últimos años, tras la derogación de las leyes de
punto final y obediencia debida, han visto avanzar las diferentes causas en la justicia,
empezándose a terminar con un ciclo de impunidad que perduró por muchos años.
En
este marco, en ocasión de un nuevo aniversario del golpe, en el “día de la
memoria por la verdad y justicia”, desde la Comuna queremos dejar sentado nuestro
apoyo y acompañamiento a las luchas por el esclarecimiento de los delitos de
lesa humanidad y la condenas de los responsables militares y civiles del brutal
genocidio, esperanzados también en que la ardua labor de Abuelas de Plaza de
Mayo siga dando frutos, restituyendo las identidades de muchos de nietos que
aún forman parte de una herencia oscura del régimen militar.
Como
ciudadanos y sociedad, anclados en un fuerte compromiso con la memoria
histórica, debemos aprender del pasado, uniéndonos, más allá de las diferencias
políticas e ideológicas propias de un país plural, en la defensa firme del
sistema democrático, sistema que debemos fortalecer, transmitiendo sus valores
y beneficios a las futuras generaciones. Podemos diferir en los proyectos de
país, podemos discutir distintas miradas sobre las problemáticas que aquejan a
nuestra sociedad, pero debemos entender que será desde la democracia,
respetando y compartiendo las formas, los valores y las reglas de juego
democráticas, que podremos soñar siempre la construcción de un país mejor, más
justo y con futuro.



